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.... las notas se las llevo el viento

Aún recuerdo como si fuera ayer el mismo día que entré en aquel sitio. Yo no sabía qué era, no sabía porqué mis padres me estaban llevando ahí. Tenía cuatro años, y mi agenda ya estaba apretada en aquél entonces, recuerdo haberle dicho a mi madre “Pero tengo que mirar qué días voy a inglés para elegir cuándo venir”. Supongo que ahí empezó todo…

Aquella escuela era algo que no supe nunca si me gustaba o no, entrabas por la puerta, a mano izquierda un espejo enorme, a mano derecha asientos de color rojo, muchos cojines, una cortina roja inmensa, revistas y demás artículos de lectura. Alguna planta y… la clase de Celia. Sí, esa clase es la clase de mi infancia. Al principio mi profesora se llamaba Raquel, buena profesora. Aprendí a tocar la flauta dulce, era muy gracioso, una niña de cuatro años tocando en un escenario, para más señas en la Sala Borja. Tengo ese recuerdo en la mente, la primera vez que subí a un escenario, supongo que me gustó. No parecía que la flauta se me diera mal, la verdad es que hasta me gustaba, ¡Sí! Eso que estaba haciendo me llenaba por dentro, provocaba sensaciones nuevas en mí misma, bonita edad los cuatro años de descubrirlas.

El año siguiente volví a la misma clase, al mismo curso, pero diferente profesora. Tuve que pasar tres años en iniciación a la música, triste pero cierto, hasta los siete años no podía empezar primero. Así que así estuve, aprendiendo notas, instrumentos, canciones, aprendiendo a tocar la flauta… hasta que llegó primero y no me quedó más remedio que definirme por un instrumento.

Celia, mi profesora, tocaba el acordeón, me gustaba, no sé exactamente la razón, pero me obcequé con ese instrumento, y mira que trataron de convencerme de escoger otro… siempre fui muy cabezota, al final terminé con un acordeón en mi poder. No era una reacción extraña, Celia tenía tal carisma con los niños que fue muy influyente en otros cuantos, “los alumnos de acordeón”, era divertido. Esa es la historia de la elección de un instrumento, los comienzos de mi historia como acordeonista.

Pasaron los años… y bueno, no voy a contar los años siguientes, son diez años más, demasiado que contar en un simple artículo de blog, aparte de que no pretendo contar mi historia, tengo un objetivo más interesante que ese.

De esos diez años lo que puedo decir es que tuve mis momentos… altos y bajos, cuatro o cinco años después de comenzar a tocar el acordeón cambié de profesor, Gorka. Fue una gran influencia, sus métodos de enseñanza eran bastante pobres, nunca nos enseñó escalas, nunca nos enseñó acordes, él nos ponía una partitura y a tocarla. Al menos para nosotros era más divertido. Y se esforzaba en que el acordeón nos gustara, prueba de ello es que nos llevaba a concursos y nos proponía tocar en muchos conciertos. Me gustaba tocar en público, ¿nunca he hablado de cuando yo tocaba en público? Es la mayor satisfacción que podré llegar a tener nunca, mejor que terminar cualquier examen, tocar en público es probarte a ti mismo que no hay nada ante ti que te limite, que puedes salir ahí y demostrarle a todo el mundo que tú vales, ellos centran tu atención en ti, en cada movimiento, y quieren disfrutar, quieren que salgas para que ellos pasen un buen rato. Una gran responsabilidad para un niño, razón por la cual los conciertos de escuelas de música son eternos y pesados, los niños salen sin saber qué hacer, para ellos es una parte más de su formación. Pero bueno, es comprensible. Yo estuve en dos concursos en el País Vasco, el primero era bastante mediocre, todo el mundo salía con medallas, dependiendo de los puntos que te dieran te daban una u otra, yo me quedé a dos puntos de la de oro. Al año siguiente fui a un concurso mucho más importante, demasiado importante para mí, pero… toqué ante gente alucinante, gente que verdaderamente sabe. Un verdadero honor el simple hecho de que te escuchen, de que simplemente sepan que tú tocas el acordeón.

Tras esos dos concursos, mi devoción por ese instrumento fue en decadencia, mi profesor terminó marchándose de la escuela, y tuve que cambiar. Este año ya lo he dejado, bueno, sigo yendo a clase y demás, pero no estudio, he perdido agilidad en los dedos, he perdido nivel… he perdido la ilusión, no… no la he perdido, me la han arrebatado, (leer un artículo de allá por agosto como prueba de ello). A pesar de todo, el acordeón me gusta, la música, ¡¡todo ese mundo es lo mejor que puedo tener!!

Ahora mismo en mi academia seré la persona que más años ha estado estudiando, trece para ser exactos, me conoce mucha gente, y yo he visto mucha gente que ha ido entrando, lo ha ido dejando, profesores que llegan, se van, gente, gente… es mi mundo, mi academia ahora mismo es… como decirlo, una via de escape rutinaria. No quiero dejarlo porque allí hay mucha gente interesante, muchos profesores.

Está Rubén Orgasmo – La abuela, jaja, que es mi profesor de fundamentales, eso son pseudónimos que le hemos adjudicado…

Luego mi profesor Tadeusz, el de acordeón. Es alguien de lo más interesante, tiene una vida espectacular, toca el contrabajo, el acordeón y el piano. Impresionante.. hoy mismo, y es por esto que he sentido necesidad de escribir, me ha dicho que le han ofrecido un trabajo cerca de Puerto Banús por 5000€ al mes como contrabajista. Increíble. Te hace pensar qué hace un hombre como él en una escuela de mierda como esa.

Los músicos son gente apasionante, tienen una vida envidiable. Y yo… ¿qué estoy haciendo? ¿Estudio? Prometo tocar este verano, me voy a matar por conseguir la misma agilidad en los dedos que antes, porque además me gusta mucho, he llegado a llorar tocando, y hoy mismo mientras tocaba “Kalina Krasnaja” se me ha puesto la piel de gallina, y en la calle precisamente no hace frío. Tadeusz dice que yo realmente valgo, que si estudiara un poco se me daría muy bien. Ana, mi profesora de piano, dice que yo sin estudiar hago casi lo mismo que otros muchos que sí que estudian. Aun así no sé… dudo de mi misma, soy muy perezosa.

¡Por Dios Maru! Aclarate… sabes perfectamente que te gusta, sabes que es lo más increíble que puedes hacer, que es simplemente tu gran pasión, la música… que lo es todo para ti, que engloba tu vida, todo…

Todo es tan confuso, me gusta mi escuela, somos una gran familia, ¿a que sí? Los profesores y los alumnos hablamos como amigos, jaja, me encanta.

Si pudiera lo habría escrito mejor, qué desgracia de artículo, agh! No quiero ni un comentario, es demasiado triste
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