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Cuando el Vodka se convierte en sangre

Cuando el Vodka se convierte en sangre Mientras Sarah permanecía quieta en un rincón, asolada por un súbito mutismo surgido hacía apenas diez horas, un buen amigo suyo musitaba junto a ella disculpándose por no haber sido capaz de controlar la situación. Pedía perdón y suplicaba una palabra, una palabra de ánimo, un insulto, la voz misma del diablo gritándole hasta dejarle sordo, una palabra de disculpa, incluso cualquier palabra que designara un concepto alejado de lo que había ocurrido.
El silencio era incómodo, probablemente por esa habilidad que tiene el silencio de no ser silencio, de dejar al descubierto innumerables sonidos imperceptibles por la rutina humana… él tampoco sabía qué estaba ocurriendo, estaba tan desconcertado que el silencio se tornaba un molesto sonido de alarma, de alerta, una de esas melodías monofónicas de una sola nota, tan aguda que sobrepasa el límite de decibelios permitido.
Se sentía cual pecador condenado a la máxima tortura, arrepentido. Ese futuro que él había sentido como lejano y poco probable se había vuelto presente, su inconsciencia le estaba pasando factura, y su cuenta que ya estaba en números rojos no era capaz de cubrir todo ese gasto.
Tan perdido como la mirada de Sarah, que seguía callada mirando al vacío, arrinconada y encogida. No lloraba, esa angustia que sentía la impedía llorar, era mucho peor, mucho más profunda como para intentar desahogarse llorando, cualquier lágrima derramada supondría una pequeña posibilidad de deshidratarse, minúscula, pero lo era... había que añadir que Sarah no hacía ademán de querer alimentarse, llevaba sin probar bocado desde la cena del día anterior y no parecía dispuesta a interrumpir su ayuno, voluntario o no voluntario…
Mario, su amigo, no soportaba esa situación, ese silencio era el peor de todos los castigos, la pena máxima que le podían haber adjudicado. Ver a Sarah así le producía un dolor vital extremo, el peor que nunca había vivido, más aún sabiendo que todo era culpa suya, que si no hubiera cogido el coche en ese estado nada hubiera pasado ¿era él quien controlaba al destino o el destino era quien le controlaba a él? Nunca creyó en fuerzas externas que le dominaban, pero este hecho le hacía recapacitar, si él hubiera controlado su destino, nunca hubiera deseado vivir estos momentos, no hubiera dejado que ocurrieran. ¿Por qué no podía haberse mantenido quieto, sin coger el coche después de la cadena de Vodkas bebidos uno detrás de otro en esa fatídica fiesta? ¿Por qué tuvo que ir a esa fiesta? ¿Por qué con Sarah y Laura?
Ahora Laura estaba muerta, sería un consuelo saber que había muerto en un accidente de tráfico, pero no, él la había atropellado, lo recordaba perfectamente todo.
Salían de la fiesta, Sarah le dijo que no… que no cogiera el coche. Laura esperaba delante del vehículo a que llegaran, hablaba con unos amigos que acababa de encontrarse mientras se apoyaba en él. Mario insultó a Sarah y entró en el coche. Arrancó hasta que entraran ellas dos, lo hizo para encender la calefacción, el viento era gélido, la temperatura estaría bajo mínimos. Y sin darse cuenta, pisó el acelerador, no recuerda porqué, fue como si alguien controlara sus impulsos. Por supuesto que sabía quién era ese alguien, se llamaba Etanol…
¡Dios mío! Laura estaba inconsciente en el suelo, ante la atenta mirada de Sarah que no sabía que hacer, veía sangre, sentía miedo, sentía rabia, unas ganas terribles de matar a Mario. Por suerte una pareja de policías que se había acercado a controlar la situación actuó a tiempo para reducirla, había cogido la botella de Vodka e iba a estrellarla directamente contra la cabeza de Mario.
Eso es todo lo que Sarah recuerda de el momento… ahora está quieta, en estado de shock, ni ella ni Mario están bien. Mario no lo soporta más… y con la excusa de que va al baño se arroja por la ventana ciegamente. Sarah, que se da cuenta, es incapaz de salir de su mutismo y el límite tan grande que se la ha acumulado toca fondo y se desmaya… están en un hospital, enseguida acuden a socorrerla, pero el futuro no es mejor. Sarah termina ingresada con diagnóstico de neurosis en el hospital psiquiátrico local...

No pretendía finalizar así este artículo, pero ya que me había inspirado, plasmo aquí lo malo que es el alcohol, y lo mucho que nos empeñamos en abusar de él… ¡¡qué triste!!
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1 comentario

Anónimo -

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