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La chica de las rosas

La chica de las rosas Nunca supe su verdadero origen o procedencia. Un día apareció sin más, mojada hasta los pulmones, callada como las tumbas. Vendía rosas, rosas negras. Ella estaba pálida como la cal, igual que si alguien hubiera absorbido toda su sangre y la hubiera sustituido por agua gélida, y su mirada se perdía entre las nuestras, rebuscando en nuestros más oscuros y tristes recuerdos. Nos atravesaba con miradas congeladas y vacías, sabía cómo mirarnos. Alguien de nosotros se acercó y le ofreció una moneda por un par de rosas, pero al parecer la chica sólo aceptaba palabras sinceras, y no le daba las rosas, porque no se la merecía, porque no las necesitaba. La chica empezó a deambular por el pasillo, ante la mirada de todos nosotros. Éramos unos veinte, y se empezó a detener para observarnos de arriba abajo, examinarnos y descubrirnos. No tardó en llegar a mí, y me enseñó una rosa muy cerca de los ojos,y luego la bajó hasta mi pecho donde mi corazón palpitaba frenéticamente. Era curioso porque a los demás sólo les había examinado superficialmente y conmigo se estaba entreteniendo sorprendentemente. Me miró a los ojos y quedé inconsciente, al menos eso me dijeron, aunque yo seguía percibiendo sensaciones. Todo era oscuro y gris, había muchas paredes de colores, pero todas estaban sucias. Había espejos, y veía mi reflejo, era curioso porque no era la imagen que acostumbraba a ver, veía una aperiencia exacta a la de la chica de las flores, triste, misteriosa. Yo no vestía mi ropa de colores habitual, sino un largo vestido negro decorado con flores negras. Tuve miedo, y empecé a correr porque no me gustaba esa pesadilla. Choqué contra alguien, y me hice daño, porque me pinché con algo. Era la chica, y me había pinchado con una de las flores... pensé que estaba muerta, porque no veía salir sangre del pinchazo. Finalmente, me puse a llorar, y una de las lágrimas hizo que brotara una gota de sangre... Y regresé, me abrazaron y me preguntaron. Supongo que me oían lo que decía, aunque no querían saberlo, y la verdad es que no les culpé por ello.
La chica de las rosas me hizo una visita esa noche en sueños, y me asusté, pero la escuché balbucear palabras, me hablaba, por primera vez la escuché hablar. Tenía una voz conocida... ¡era la mía! me decía curiosas frases complicadas y retorcidas pero con gran valor, con gran verdad... traducía en frases lo que me pasaba, me aclaraba mi pasado y mi vida, me ayudaba mostrándome la realidad de la que estuve huyendo tanto tiempo. Aunque yo gritaba hacia dentro y nadie me oía... la verdad es que esta chica me escuchó y por eso estba ahí, en mi sueño. Cuando se marchó me regaló una rosa preciosa, porque cambia de color. Puede ser negra, morada, violeta, rosa, granate, roja... depende de si esa chica está lejos o está cerca, cuando la rosa se vuelve oscura sé que quiere hacerme una visita. De vez en cuando me gusta verla, porque así luego cuando no está cerca me siento más fuerte, y cada vez que la rosa se vuelve negra, la siguiente vez que llega al rojo está aún más roja que la vez anterior... es curioso.
Las personas que estuvieron allí el día que apareció con la cesta llena de rosas aún aiguen con la incertidumbre de lo que ocurrió... pero ya les da lo mismo, porque todos viven igual día tras día, año tras año, vida tras vida...
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